Mi abuela (1888-1993)

Mi abuela

pisó dos siglos.

Los abarcó con su aliento

y desparramó

sobre ellos, vida y fuerza.

Como esa tierra fértil

que el labrador exprime

hasta el último surco

para obtener cosecha.

Mi abuela

parió cinco hijos

como cinco soles,

que vinieron al mundo

con cinco bocas

cargadas de tristeza.

Mi abuela

amamantaba, cosía,

doblaba su espalda

sobre la pila de piedra,

planchaba, guisaba

en la vieja

hornilla de leña.

Mi abuela

contaba los jornales

del hombre de la casa.

Contaba los platos

de legumbres,

contaba los panes

en la alacena

contaba los días…

¡Juan, no nos llega!

Mi abuela

quedó sola, la muerte

se llevó a Juan,

los jornales,

los platos,

los panes,

los días…

Mi abuela

con cinco hijos

como cinco soles,

cinco bocas de ausencias,

cinco bocas negras

de hambre.

Y estalló la Guerra.

Mi abuela

sola, desolada,

sin nada,

sólo cinco necesidades

imperiosas,

cinco futuros rotos,

entre las bombas

y el alba.

Mi abuela

traspasó caminos

de exilio polvorientos

y halló su casa,

cobijo de soldados,

tapiada por la hierba,

puertas arrancadas,

ventanas abiertas

sin nada

que guardar

tras los muros de tierra.

Mi abuela

nunca fue a la escuela.

No era importante.

No fue miliciana,

ni enfermera.

No estuvo en el frente

ni en las trincheras.

Vida anónima,

sí,

mi abuela.

María Isabel Luque Muñoz

I.E.S Cumbres Altas  –   Nueva Carteya (Córdoba)

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